domingo, 10 de agosto de 2008

Los conflictos curriculares de la Unison


José Luis Jara

La Universidad de Sonora no sólo tiene problemas económico y en sus relaciones laborales. También existen serios conflictos en su propuesta medular, en sus planes de estudio que tienen que ver con la formación de profesionales capaces de interactuar con la realidad.
Esta es una de las funciones sustantivas de las instituciones de educación superior, y tiene que ver con los planes curriculares o de estudio de las carreras que ofrece.
Sobre este punto se acudió con un especialista en la materia, el maestro Rodolfo Díaz Castañeda, profesor de la escuela de Ciencias de la Comunicación.
Tiene publicaciones donde propone como sistema el método de enseñar investigando. Y una de las críticas fundamentales que hace al actual plan curricular de la Universidad de Sonora es que se aleja del principio universal de la educación: la libertad de cátedra, que afecta a la libertad de expresión y al espíritu de la libertad en el conocimiento.
La entrevista fue en su cubículo. Sus respuestas a las preguntas, fueron más que didácticas e inició el punto con un señalamiento a la casa de estudios sonorense: “con el pretexto del cambio institucional, no se le debe sofocar al docente en los espacios ganados porque se genera cada vez más cruel el fenómeno que se denomina Malestar Docente”.
Al hablar del nivel académico de la institución, el maestro recordó casos lamentables, como el experimento que pretendió realizar el especialista Pablo Latapí en 1967. Recién llegaba de Europa, donde se especializó en el tema educativo, impulsó un plan que se basaba en una visión de articular la estructura curricular de manera interdisciplinaria y transdisicplinaria.
“Pero por razones políticas sonorenses, ese Plan Latapí abortó”, lamentó, porque si se hubiera aplicado ese plan piloto, hubiera sido un hecho importante para Sonora y el país.
Esta idea se cristalizó en el sexenio de Luis Echeverría cuando inauguró la Universidad Autónoma Metropolitana y se impulsó en Sonora hasta 1991 de una manera deficiente, con la famosa Ley 4 que actualmente rige a la Universidad de Sonora.
La idea de aplicar esa visión interdisciplinaria y transdisiciplinaria se contempló en esa ley, pero no se dio sustento de aplicación de una visión descentralizada y bajo el ejercicio de libertad de cátedra.
Hasta hace unos semestres, la Universidad puso en marcha los nuevos planes curriculares, que a decir de los maestros, fue un duro golpe a la calidad académica de la institución y al derecho laboral de un buen número de maestros.
Díaz Castañeda consideró que en la Unison existe un modelo corporativista, donde predomina la una aberrante burocracia, que crece cada vez más desproporcionada en función del personal académico. Es una burocracia que tiene un discurso pseudo pedagógico, con una tendencia a la devaluación del valor del trabajo académico.
El plan curricular que rige en la universidad –abundó- tienen el problema que se hicieron apresuradamente, olvidando lo más importante en las universidades: los consensos entre los maestros y los investigadores.
Lejos de ello se aplicó un sistema de calificación donde el maestro tiene que responder a los intereses de la burocracia para poder promoverse.
Bajo este sistema, en la universidad los maestros se ven sometidos al constante escrutinio de una burocracia aberrante, que se aprovecha del poder para castigar y hostigar al docente porque les faltó el respeto o por cualquier resentimiento personal o laboral que se genere en la vida cotidiana.
Esta situación –explicó Castañeda- se ha generado en nuestra casa de estudios el fenómeno del malestar docente que se manifiesta en varios niveles.
Primero, en el nivel de la comunidad docente se fomentan competencias desleales y una lucha por alcanzar el reconocimiento o mérito académico a costa del trabajo a costa del trabajo académico con el resto de la comunidad.
Entre el personal académico se fomenta la lucha por la apropiación privada de información en lugar de buscar la divulgación de las ideas, porque prevalece el interés de la certificación del mérito que otorga esa burocracia absurda.
Te traen en vueltas por puntitos, papelitos para lograr las llamadas tortibecas.
-¿El origen de todo ello? Se le preguntó.
-Está allá arriba, dijo señalando con el dedo rumbo a rectoría.
-¿Pero el rector informa seguido de los iso 9000 que se ganan en diferentes departamentos?
-Es triste –respondió Díaz Castañeda- que la visión de estructura curricular se pretendan evaluar con medidas y criterios mercantilistas, propios como las evaluaciones de los isos que anuncia.
Detrás de esas evaluaciones –abundó- se encuentra una política neoliberal de organizaciones mundiales que no se encuentran en las Naciones Unidas, que lejos de evaluar la educación con libertad de cátedra aplican sistemas de evaluación en base a resultados materiales que desplazan los trabajos de generación y divulgación del conocimiento.
-Dígamelo con un ejemplo…
-El caso de las tortibecas, respondió. Son fondos exentos de impuestos que se integran al salario nominal del maestro. Y para que los profesores puedan acceder a ellos, tienen que competir de manera desleal, porque estas prestaciones sólo se entregan de acuerdo a los intereses de la burocracia, no de la academia.
Al momento de tocar estos puntos, el maestro Díaz Castañeda sacó una cuenta: ya está entrando e la universidad la generación del neoliberalismo, los que han vivido las pseudos reformas educativas de México. Esas pseudos reformas ya están en la Universidad de Sonora con las últimas reformas curriculares.
Luego dijo irónicamente: “Ya está en la Universidad esa generación del 90. Aquí están para aprender a aprehender, a ser falso, de tal suerte que cuando lleguen a ser dirigentes ya van a tener asimiladas la doble moral, la no solidaridad con los compañeros. Ya van a saber que para llegar al poder tienen que desplazar a su compañero”.

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